Desprovisto de armas me vi enfrentándome
a un enemigo más fuerte que yo, desafortunado
mi destino hizo al viento soplar en mi contra
con vil fuerza capaz de tumbar un elefante,
despojado de mis virtudes me vi forzado a,
como terrible hombre, actuar por la fuerza.
Por desgracia, cual Aquiles, con una sola flecha
me vi derribado, incapaz para ponerme de pie;
terrible mi fortuna por quererme ver derrotado
tan facilmente, sobre todo frente a Eros quien
ha logrado finarme aventajado por la llagas,
que antes, con o sin Anteros, plasmó en piel...
No hay comentarios:
Publicar un comentario